Entonces, comienza a dar saltitos hacia abajo, en dirección al mar, como guiándonos hacia donde se halla el tesoro: cientos de machos laboriosos que copan de a poco la Isla Pingüino, cercana a la ciudad de Puerto Deseado, en Santa Cruz.

Se trata del único lugar del continente americano donde, entre octubre y abril, se puede conocer esta especie, cuyo arribo a las costas patagónicas convoca a turistas y observadores de aves de todas las latitudes. Quienes visiten Puerto Deseado para su avistaje descubrirán uno de los paraísos de fauna marina más bellos del mundo –que cautivó al naturalista inglés Charles Darwin–, donde también habitan pingüinos de Magallanes, lobos marinos de un pelo, delfines australes, toninas overas y 120 especies de aves.

Los paisajes, algunos de trazos casi sobrenaturales, permiten experimentar la sorpresa de los primeros navegantes llegados a la zona, cuyos fantásticos relatos se repiten hasta hoy. Ecos de mitos y leyendas habitan cada rincón de la ciudad, donde también se forjó parte de la historia del país.

Paisaje volcánico En la costa norte de Santa Cruz, Puerto Deseado es el punto de partida de una aventura maravillosa: un recorrido que sigue los pasos del “padre” de la teoría de la evolución de las especies. Si bien nuestras comodidades hacen que el viaje sea menos sacrificado que en el siglo XIX, el trayecto, signado por grandes distancias, no está exento de adrenalina.

El aspecto de la ciudad, escondida entre acantilados, da cuenta del origen volcánico de estas tierras: la mayoría de las casas –bajas, con techos a dos aguas de color verde– están construidas con pórfido colorado, presente en los paisajes rocosos moldeados por las erupciones del Jurásico. Ellas dieron origen a los imponentes cañadones de la ría Deseado, los mismos que dejaron sin aliento a Darwin cuando, en 1834, recorría Sudamérica a bordo de la corbeta inglesa Beagle, al mando del capitán Robert Fitz Roy.

El primer paso es navegar hacia el corazón de la ría, un accidente geográfico único en el sur de América: surgió cuando el río Deseado cambió su vertiente hacia el Pacífico y abandonó su lecho, luego invadido por el mar. Desde el puerto, un gomón semirrígido surca el agua turquesa, en una travesía que permite tener contacto cercano con los animales. Las islas Chaffers, Elena y Larga son algunos puntos de este reservorio de fauna marina, poblado por pingüinos, toninas, lobos marinos de un pelo y aves de todo tipo, como cormoranes de pico rojo, una de las especies más bellas de la zona. El desembarco en Isla de los Pájaros, donde se debe caminar cerca de la costa para no alterar a los pingüinos de Magallanes, marca el fin del recorrido.

Otra vista de la ría se observa desde los impactantes Miradores de Darwin. Ovejas y guanacos corren a la vera de las rutas 281 y 47 durante gran parte de los 56 km que separan la ciudad de la estancia La Aurora, donde un camino de ripio lleva a destino. Una caminata entre dunas de canto rodado conduce al punto exacto desde el que se ve, hacia el norte, el fin de la ría, y hacia el sur, el nacimiento del río Deseado. Son dos grandes hondonadas, rodeadas por rocas, entre las que se deslizan con trazos tenues las curvas del río. En el centro, una piedra triangular corona el paisaje ocre y es el símbolo de la ría: desde allí se ve el panorama captado por Conrad Martens, el dibujante del Beagle. Sus ilustraciones forman parte de “El viaje del Beagle”, que Darwin publicó en 1839 y fue base para su Teoría de la Evolución.

Palomas antárticas, ostreros negros, gaviotas grises, biguás y albatros de ceja negra revolotean por los cañadones cercanos al puerto. En un vehículo 4x4, un recorrido de más de una hora lleva por los cañadones Jiménez; del Paraguayo; Torcido; del Indio y del Puerto, donde se ven patos vapor y crestón; gaviotas australes y gaviotines de pico amarillo. Vale la pena detenerse para observar a lobos marinos de un pelo en la isla Quiroga, donde los machos adultos entran en disputa por sumar hembras a sus harenes.

De rieles y navíos Puerto Deseado ganó fama como ciudad pesquera, donde se degustan mariscos gigantes. Pero no es lo único que ofrece: a poco de transitarla comienza a revelar sus múltiples secretos ligados a navegantes que surcaron sus costas desde el siglo XVI, a las estancias ganaderas y al ferrocarril.

En la avenida Oneto habita la nostalgia. Más precisamente, en el edificio de la ex estación del Ferrocarril Roca, donde desde 2003 funciona un museo por iniciativa de la Asociación Ferroviaria 20 de Septiembre, integrada por ex trabajadores de la línea. Sus relatos rescatan la historia del ramal, sus personajes y hazañas, muchas de las cuales tuvieron lugar en 1921 durante las huelgas de los trabajadores rurales, episodio conocido como “la Patagonia trágica”. Sus voces conducen a un viaje que se inició en 1909, cuando una locomotora zanjó por primera vez los 283 km que separan Deseado de Las Heras y culminó en 1978, cuando el deterioro del material rodante se unió a la falta de interés del gobierno militar.

El “vagón histórico”, que descansa en la plazoleta de la ciudad, es testigo de aquel sueño de unir la Patagonia a través de un tren. El coche reservado número 502, construido en 1898 en la fábrica Lancaster de Inglaterra, fue salvado del desguace en 1982 por una movilización popular.

Además, pronto podría volver a escucharse el silbido de una locomotora, si prospera el proyecto “El tren Deseado”, que busca desarrollar un circuito turístico entre Puerto Deseado y Tellier. La propuesta, ideada por alumnos de la Universidad Católica Argentina, tiene el apoyo de la Asociación Ferroviaria y fue presentada ante la Secretaría de Turismo de la ciudad. Se construirá una locomotora mecánica diesel y dos vagones de pasajeros sobre chasis originales. Para recaudar fondos fueron creados “boletos contribución” de 50 y 100 pesos, que podrán ser utilizados como pasajes hasta el 9 de julio de 2016.

La historia aflora a cada paso en esta ciudad patagónica. De hecho, la navegación a la ría Deseado parte cerca de la zona de naufragio de la corbeta inglesa Swift, hundida en 1770 cuando realizaba tareas de espionaje: una de sus misiones era controlar la actividad española en las islas Malvinas, entonces un nuevo territorio ocupado ilegalmente por la corona inglesa. El episodio es digno de una novela de aventuras, ya que durante dos siglos el barco permaneció inadvertido en el fondo del mar, a 50 m de la costa.

Las autoridades locales supieron de su existencia recién en 1975, a raíz de la visita de un descendiente del segundo oficial de la corbeta, Erasmus Gower. Al poco tiempo, un profesor de Puerto Deseado relató la historia a sus alumnos y uno de ellos, Marcelo Rosas, tomó las riendas de la investigación: formó un equipo de buzos para realizar la búsqueda.

El “Proyecto Swift”, la tarea de rescate de piezas del naufragio, demandó cuatro años y se convirtió en el primer operativo arqueológico subacuático del país. Hoy, unas 500 piezas de porcelana, cuero, piedra, hueso y metal son exhibidas en el Museo Municipal Mario Brozoski, casa creada en honor a uno de los buzos que participó en las tareas de rescate y murió años más tarde.

El reino de los pingüinos El último día de nuestra estadía está reservado para visitar la Isla Pingüino, poblada por pingüinos penacho amarillo. Después de una hora de navegación nos acercamos a esa porción de tierra desolada con cierta expectativa, ya que este año la colonia tardó en llegar. Tras desembarcar saltando entre las rocas –la isla no tiene playa–, dan la bienvenida cientos de pingüinos de Magallanes. Hay que escalar hasta un faro para despejar la incertidumbre. Un concierto de chillidos colina abajo da la buena noticia: cientos de “ceño fruncido” miran fijamente. Las plumas amarillas en “V” alrededor de los ojos rojos, penachos anaranjados en las sienes y el pico rojo alimentan la falsa fama de agresivo del penacho amarillo.

Como sus parientes, los pingüinos de Magallanes suelen ser muy amigables. Sin embargo, hay que ser cautos, ya que no dudan en acercarse mucho a los humanos ni lo hacen a la hora de ahuyentar a picotazos a los intrusos, cuando se sienten amenazados.

La isla –desde 2010 denominada Parque Interjurisdiccional Marino Isla Pingüino– es el único lugar de América donde se encuentra esta especie, la más pequeña de la familia de los pingüinos, de 55 cm de altura. También hay en Malvinas y en las islas subantárticas, pero esos sitios son inaccesibles para el turismo. Entre octubre y abril, unas 836 parejas de penacho amarillo llegan a esta zona para nidificar y cambiar sus plumas, después de haber pasado el invierno en los mares australes alimentándose con pulpitos, krill, moluscos y crustáceos. Las hembras llegan a la isla unos días más tarde y volverán a encontrarse en el nido con el macho si éste hizo bien su trabajo el año anterior. Colocan dos huevos con cuatro días de diferencia y un mes después se ve a los pichones correteando por la isla. El espectáculo más tierno se aprecia en febrero, cuando dan sus primeros pasos hacia el mar. Después de varios intentos, alentados por sus padres –que permanecen en la isla hasta abril para mudar sus plumas–, se montan sobre las olas y no regresan hasta el año siguiente.

IMPERDIBLE

Un paseo por la historia
Las huelgas obreras que sacudieron Santa Cruz en 1920 y 1921 se relatan en el recorrido “De cara a la Livertá”, creado por un grupo de vecinos de Puerto Deseado en 2011, después de tres años de investigación coordinada por la bibliotecaria Marisa Mansilla. Los doce sitios tienen un cartel con una foto histórica y una reseña de los sucesos en español, inglés y braille. Se puede recorrer a pie, en auto o bicicleta, sin necesidad de contar con un guía, ya que la cartelería ofrece información clara y completa. El recorrido se inicia en el actual cine, donde funcionó la Sociedad de Socorros Mutuos –lugar de reunión de los sindicatos obreros– y culmina en Puerto Jenkins, donde tres de los 1.500 peones rurales fueron fusilados por el ejército al mando del teniente coronel Héctor Varela, enviado por el presidente Hipólito Yrigoyen.

MINIGUIA

Cómo llegar
De Bs. As. a Puerto Deseado son 2.028 km por Riccheri, Autopista a Cañuelas y ruta 3; pasar 14 km Fitz Roy y girar a la izquierda por ruta 281. 
Aerolíneas vuela de Buenos Aires a Comodoro Rivadavia (Chubut), el aeropuerto más cercano a Puerto Deseado. Ida y vuelta, con impuestos, desde $ 1.931. 
Bus desde Retiro (Don Otto, son 27 horas de viaje), $ 875 en coche cama económico y $ 935 en ejecutivo, sólo la ida. Luego, seguir en auto o en bus. Transporte Sportman (0297-444-2988): 3 salidas diarias de Comodoro a Deseado (4 hs. de viaje) por $ 190.

Dónde alojarse
Habitación doble estándar con desayuno en hotel Los Acantilados, $ 320; superior, $ 485; ejecutiva, $ 560 (tel. 0297-487-2167). 
Hotel Isla Chaffers, $375 (tel. 0297-487-2246/168). 
Cabañas Las Nubes posee 15 cabañas equipadas con ropa de cama, TV, calefacción, lavarropas, y lo necesario para cocinar, servicio de mucama y estacionamiento. No ofrece desayuno ni comidas. Para dos personas, $ 620 por día; para cuatro (habitación matrimonial y otra con dos camas) $ 740 (cel. 0297- 154116806/ 1544032677).

Dónde comer
En el restaurante Puerto Cristal, frente a la ría, la especialidad son los pescados y mariscos. Se puede comer paella, abadejo, salmón blanco, merluza negra y langostinos. Sus propuestas gourmet, con variantes sobre platos tradicionales a base de frutos de mar, son la nota saliente. Si la idea es optar por las pastas, lo mejor es Lo de Piola. Por su parte, el restaurante del Club Deportivo Deseado Juniors es ideal para los amantes del asado y las minutas. La estancia Cipreses, de Arturo Soule y Cliria Torres, es el sitio indicado para degustar cordero asado. La casa está repleta de objetos que resumen la historia de Puerto Deseado y se pueden comprar conservas y licores preparados por el dueño de casa con frutos de su propia huerta (sauco, corinto, calafate, guindas y frutillas). Está en la localidad de Tellier, a 20 km de Deseado, sobre la ruta 281.

Cuánto cuesta
Navegación a ría Deseado y sus islas, $ 200 por persona. Incluye guía, desembarco en Isla de los Pájaros y refrigerio (Los Vikingos, 0297-487-0020; Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.; www.losvikingos.com.ar).
La visita a los Miradores de Darwin dura 6 hs, incluye guía, refrigerio y vianda para el almuerzo. Cuesta $ 460 y va Cis Tours (www.cistours.com.ar). La misma empresa va a Cabo Blanco, paraje relacionado con antiguos navegantes, por $ 320 p/p (6 hs, incluye almuerzo y refrigerio.

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Atención
En todas las salidas se aconseja llevar calzado adecuado para caminar sobre rocas, ropa cómoda, abrigo y rompevientos, ya que el clima es muy cambiante. También gorro, guantes y protector solar.

Dónde informarse
Casa de Santa Cruz en Buenos Aires, 25 de Mayo 279, Tel. (011) 4343-8478; www.casadesanta cruz.gov.ar
Dirección de Turismo de Puerto Deseado, Tel. (0297) 487-0220; Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.; www.puertodeseado.tur.ar 
www.eltrendeseado.com

 

Extraido de: http://www.clarin.com/viajes/Puerto-Deseado-pasos-Darwin_0_1031296888.html

 

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